“Peace I leave you”
Homily for Tuesday of the Fifth Sunday of Easter Cinco de Mayo 2026
Acts 14:19-28; John 14:27-31
Most Reverend Joseph J. Tyson, Bishop of Yakima
“Peace I leave you my peace I give you.” This phrase from the Church’s Gospel of the day, John 14:27, may seem to have no relationship to “Cinco de Mayo” – the Fifth of May – and are the church’s selection for this Tuesday of the Fifth Week of Easter.
But they do relate to the underlying desire for the recipients of our prayers at this Mass: our first responders want to give in our own moments of crisis. Peace. The very presence of Shawn Boyle, the chief of police here in Yakima, speaks to this reality. Peace. As we approach the first anniversary of the election of Pope Leo, they are the first words spoken by Pope Leo as our new Holy Father and they are the very words spoken by our Holy Father today as he countered yet another personal attack by President Trump! Peace! Peace in Iran. Peace in Israel. Peace in Lebanon. Peace in Quatar. Peace in the Straits of Hormuz. Peace in the world. Peace on our streets. Peace in our communities. Peace in our families. Peace. The Pope wants peace. The Church wants peace. We all want peace.
“Peace I leave, with you my peace I give you.” How ironic that the words of today’s Gospel align with Cinco de Mayo! Cinco de Mayo commemorates the victory of the Mexicans over the invading French forces of Napoleon III in Puebla, Mexico. About 3,000 Mexican regulars defeated some 30,000 French. Cinco de Mayo is not Mexican Independence Day. That’s September 16th! But Cinco de Mayo has become the most popular day of Mexican history here in the United States. Why? Perhaps because in the same way Mexicans overcame enormous odds on May 5th, 1862, so many have overcome enormous obstacles here in the Yakima Valley, especially our immigrant parishioners and parishioners of Mexican heritage.
“Peace I leave you and my peace I give you.” These words summarize my own experience of our Yakima Police Department. The genesis of today’s celebration goes back to our December 12th celebration in honor of Our Lady of Guadalupe. For several years now the Yakima Police Department has provided protection and support for our liturgical procession through downtown Yakima.
Father Jesús Mariscal and I popped down to the YPD a few days later with donuts and pan dulce. I know it sounds cliche bringing donuts to the police department – like something out of Homer Simpson. But donuts can be shared and with so many whose names we don’t know, donuts seems the best gift.
Much to my surprise, Chief Shawn Boyle and two of his sergeants came down to greet us. We talked about the need to work together to build peace. To leave peace.
As bishop, I am keenly aware of the fear of Immigration and Customs Enforcement. You already know that the deportation of those without criminal records fails the moral analysis of the Church. In our November meeting as bishops, we challenged the “indiscriminate deportation” occurring across the country.
Perhaps less noticed was our support for law enforcement in that very same statement this last November. One of the concerns I raised was the capacity of our parishioners to distinguish “law enforcement” from “immigration enforcement.” I sometimes suspect that parishioners may be reluctant to report crime in their neighborhood because they’re afraid of ICE. Yet over these 15 years as bishop of Yakima, I have found it’s just the opposite. The Yakima Police Department has been a persistent and professional partner not only in our public religious processions but also in the day-to-day safety and security of our parishes and schools here in the City of Yakima. The word Eucharist in Greek means “thanksgiving.” How fitting that we thank them today personally as well as all our first responders in the Church’s highest act of thanksgiving – the Eucharist.
“Peace I leave, you my peace I give you.” These words of Jesus capture the shared desire of all people of good will regardless of their faith. They are the core of our prayer today.
As we pray for Mexico on this, their Cinco de Mayo, we also elevate to God in thanksgiving the many men and women in law enforcement and all first responders. May we see in their efforts a reflection of Jesus and his words to us this day. “Peace I leave you, my peace I give you.”
Art: Blessed are the Peacemakers by Bill Nicholls, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons
Homily for Tuesday of the Fifth Sunday of Easter Cinco de Mayo 2026
“La paz les dejo”
Homilía para el martes de la Quinta Semana de Pascua, 5 de mayo de 2026
Hechos 14:19-28; Juan 14:27-31
Rvdmo. Joseph J. Tyson, Obispo de Yakima

“La paz les dejo, mi paz les doy.” Esta frase del Evangelio del día de la Iglesia – Juan 14:27 – podría parecer no guardar relación alguna con el “Cinco de Mayo;” sin embargo, es la selección de la Iglesia para este martes de la quinta semana de Pascua.
Pero se relaciona con nuestra intención de orar por aquellos por quien dedicamos esta Misa de hoy: aquello que nuestras unidades de primeros auxilios desean brindar en nuestros propios momentos de crisis. Paz. La sola presencia de Shawn Boyle, el jefe de policía aquí en Yakima, da testimonio de esta realidad. Paz. Al acercarnos al primer aniversario de la elección del Papa León, estas son las primeras palabras pronunciadas por el Papa León como nuestro nuevo Santo Padre; y son, precisamente, las mismas palabras pronunciadas hoy por nuestro Santo Padre al responder a otro ataque personal más por parte del presidente Trump.
¡Paz! Paz en Irán. Paz en Israel. Paz en el Líbano. Paz en Qatar. Paz en el estrecho de Ormuz. Paz en el mundo. Paz en nuestras calles. Paz en nuestras comunidades. Paz en nuestras familias. Paz. El Papa quiere la paz. La Iglesia quiere la paz. Todos queremos la paz.
“La paz les dejo, mi paz les doy.” ¡Qué ironía que las palabras del Evangelio de hoy coincidan con el Cinco de Mayo! El Cinco de Mayo conmemora la victoria de los mexicanos sobre las fuerzas invasoras francesas de Napoleón III en Puebla, México. Unos 3.000 soldados regulares mexicanos derrotaron a una fuerza de 30.000 franceses. El Cinco de Mayo no es el Día de la Independencia de México. ¡La independencia es el 16 de septiembre! Sin embargo, el Cinco de Mayo se ha convertido en la fecha histórica mexicana más popular aquí en los Estados Unidos. ¿Por qué? Quizás porque, de la misma manera en que los mexicanos superaron enormes adversidades el 5 de mayo de 1862, así también muchos han superado enormes obstáculos aquí en el Valle de Yakima; especialmente nuestros feligreses inmigrantes y aquellos de ascendencia mexicana.
“La paz les dejo y mi paz les doy.” Estas palabras resumen mi propia experiencia con nuestro Departamento de Policía de Yakima. Los inicios de la celebración de hoy se remontan a nuestra celebración del 12 de diciembre en honor a Nuestra Señora de Guadalupe. Desde hace ya varios años, el Departamento de Policía de Yakima ha brindado protección y apoyo a nuestra procesión litúrgica a través del centro de Yakima.
El Padre Jesús Mariscal y yo nos acercamos al Departamento de Policía de Yakima (YPD) unos días después, llevando donas y pan dulce. Sé que suena a cliché llevar donas al departamento de policía; parece algo sacado de “Los Simpson.” Pero las donas se pueden compartir y, ante la gran cantidad de personas cuyos nombres desconocemos, las donas parecen ser el mejor detalle espontáneo.
Para mi gran sorpresa, el Jefe de Policía de Yakima, Shawn Boyle, y dos de sus sargentos bajaron a recibirnos. Conversamos sobre la necesidad de trabajar juntos para construir la paz. Para dejar un legado de paz.
Como obispo, soy plenamente consciente del temor que infunde el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Ustedes ya saben que la deportación de aquellas personas que carecen de antecedentes penales no supera el análisis moral de la Iglesia. En nuestra reunión de obispos del pasado mes de noviembre, cuestionamos las “deportaciones indiscriminadas” que se están llevando a cabo en todo el país.
Quizás pasó más desapercibido nuestro respaldo a las fuerzas del orden público en esa misma declaración del pasado noviembre. Una de las inquietudes que planteé fue la capacidad de nuestros feligreses para distinguir entre la “aplicación de la ley” y la “aplicación de las leyes de inmigración.” A veces sospecho que los feligreses podrían mostrarse lentos a denunciar delitos en sus vecindarios por temor al ICE. Sin embargo, a lo largo de estos 15 años como obispo de Yakima, he comprobado que ocurre precisamente lo contrario. El Departamento de Policía de Yakima ha demostrado ser un colaborador constante y profesional, no solo durante nuestras procesiones religiosas públicas, sino también en la seguridad y protección cotidiana de nuestras parroquias y escuelas aquí en la ciudad de Yakima. La palabra “Eucaristía” significa, en griego, “acción de gracias.” Qué apropiado resulta, entonces, que hoy les expresemos nuestro agradecimiento personalmente —así como a todos nuestros socorristas y personal de emergencia— en el acto de acción de gracias más sublime de la Iglesia: la Eucaristía.
“La paz les dejo, mi paz les doy.” Estas palabras de Jesús resumen el anhelo compartido por todas las personas de buena voluntad, independientemente de su fe. Constituyen el centro de nuestra oración de hoy.
Mientras oramos por México en este día del Cinco de Mayo, elevamos también a Dios, en acción de gracias, a los muchos hombres y mujeres que integran las fuerzas del orden público, así como a todo el personal de socorristas. Que podamos ver en sus esfuerzos un reflejo de Jesús y de las palabras que hoy nos dirige: “La paz os dejo, mi paz os doy.”
Arte: “Bienaventurados los que trabajan por la paz,” por Bill Nicholls, CC BY-SA 2.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0>, via Wikimedia Commons
Homilía para el martes de la Quinta Semana de Pascua, 5 de mayo de 2026
