Have You Abandoned Me? / ¿Me has Abandonado? 04_03_26

by Msgr. Robert Siler

Have You Abandoned Me?

Homily for Good Friday 2026
Isaiah 52:13-53:12; Hebrews 4:14-16; 5:7-9; John 18:1-19:42

Most Reverend Joseph J. Tyson, Bishop of Yakima

Peace be with you.

“Elí elí, lema sabachthaní – My God my God, why have you abandoned me?” Taken from Psalm 22, we hear Jesus praying on the cross near his last moments. We hear his sense of abandonment.

And who among us has not felt abandoned? Parents of all languages and backgrounds report here in Central Washington that their greatest suffering is when adult children abandon the faith and don’t go to Mass.

Conversely youth can sometimes report a sense of abandonment due to distracted and busy parents. Elderly can feel abandoned by a world and a culture that has changed around them, feeling alone and isolated. Social distrust grows from an isolation where we feel like strangers in our own town due to changes in language and culture. Decline in mobility due to health can spark a sense of abandonment. Changes in employment and a job loss easily leads to a sense of abandonment and uselessness.

And then there is a sense of societal abandonment with the growing crisis in our agricultural industry. Certainty growers and packers are suffering. But as I noted last night there is a terrible sense of abandonment among our workers too. So many left Mexico and now face indiscriminate deportation. They’ve worked here for long periods of time with no criminal record. They built up the wealth of the Yakima Valley and their family values have contributed to our social capital. But the employers and owners for whom they’ve labored largely remain silent.

“Elí elí, lema sabachthaní – My God my God, why have you abandoned me?”

It’s interesting to note that unlike the Passion narrative from St. Matthew this last Sunday, we never hear these words from the Gospel of Saint John.

In Matthew, Mark and Luke, Jesus is on trial. In the Gospel of Saint John, it is as though Pontius Pilate rather than Jesus is on trial. And it’s as though the cross in Saint John stands as a verdict against those who crucify Jesus.

There’s a famous painting by Salvador Dali who put to canvas what Saint John of the Cross sketched on paper. It’s the crucifixion of Christ, only the perspective is not from the ground, looking up as if one of the bystanders. It’s from the top looking down. Seeing as God the Father might see God the Son.

That perspective of Saint John of the Cross, captured later on the canvas painting of Salvador Dali might be why we never hear these words in the Gospel of John.

“Elí elí, lema sabachthaní – My God my God, why have you abandoned me?”

Perhaps we might want to take the perspective of Saint John of the Cross. What abandonment does God see? How might God see our abandonment? How might God see our abandonment of others, especially the most vulnerable?

“Elí elí, lema sabachthaní – My God my God, why have you abandoned me?”

It’s wise to note that these words of Psalm 22 are NOT the final words.

Rather let us end noting the words of hope Jesus most likely prayed on the cross as he finished Psalm 22: 27-31, words which point to the great hope that is Easter!

All the ends of the earth shall remember
and turn to the Lord;
and all the families of the nations
shall worship before him.
For dominion belongs to the Lord,
and he rules over the nations.
Yea, to him shall all the proud of the earth bow down;
before him shall bow all who go down to the dust,
and he who cannot keep himself alive.
Posterity shall serve him;
men shall tell of the Lord to the coming generation,
and proclaim his deliverance to a people yet unborn,
that he has wrought it.

Image: “Cross of Saint John of the Cross,” by Salvador Dali, 1951.

Bishop Homily – Good Friday 2026

¿Me has abandonado?

Homilía para el Viernes Santo de 2026
Isaías 52:13-53:12; Hebreos 4:14-16; 5:7-9; Juan 18:1-19:42

Reverendísimo José Tyson, Obispo de Yakima

¡La paz esté con ustedes.

“Elí, Elí, ¿lemá sabactaní? – Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” Estas palabras de Jesús dadas en la cruz, son tomadas del Salmo 22, escuchamos a Jesús pronunciar estas palabras en la cruz, cerca de sus últimos momentos. Escuchamos su sentimiento de abandono.

¿Y quién de nosotros no se ha sentido abandonado? Padres de familia de todas las lenguas y orígenes relatan aquí, en el centro de Washington, que su mayor sufrimiento ocurre cuando sus hijos adultos abandonan la fe y dejan de asistir a Misa.

Por el contrario, los jóvenes a veces manifiestan un sentimiento de abandono debido a padres distraídos y ocupados. Los ancianos pueden sentirse abandonados por un mundo y una cultura que han cambiado a su alrededor, sintiéndose solos y aislados. La desconfianza social surge de un aislamiento en el que nos sentimos como extraños en nuestro propio pueblo, debido a los cambios en el idioma y la cultura. La disminución de la movilidad por motivos de salud puede despertar un sentimiento de abandono. Los cambios en el empleo y la pérdida de un trabajo conducen fácilmente a una sensación de abandono e inutilidad.

Y luego existe un sentimiento de abandono social ante la creciente crisis de nuestra industria agrícola. Ciertamente, los cultivadores y los empacadores están sufriendo. Pero, como señalé anoche, también existe un terrible sentimiento de abandono entre nuestros trabajadores. Tantos que dejaron sus países natales como México y ahora se enfrentan a una deportación indiscriminada. Han trabajado aquí durante muchos años y que nunca han adquirido cargos penales. Han contribuido a construir la riqueza del Valle de Yakima, y ​​sus valores familiares han aportado a nuestro capital social. Sin embargo, la gran mayoría de los empleadores y propietarios para quienes han trabajado por décadas, se quedan cayados ante las deportaciones masivas e indiscriminadas.

“Elí, Elí, ¿lemá sabactaní? – Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”

Resulta interesante notar que, a diferencia del relato de la Pasión según San Mateo que escuchamos el domingo pasado, en el Evangelio de San Juan nunca oímos estas palabras.

En los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, es Jesús quien está siendo juzgado. En el Evangelio de San Juan, pareciera que es Poncio Pilato – y no Jesús – quien está siendo sometido a juicio. Y es que, en el Evangelio de San Juan, la cruz se levanta como un veredicto contra aquellos que crucifican a Jesús.

Existe una famosa pintura de Salvador Dalí que plasmó en el lienzo aquello que San Juan de la Cruz había dibujado en papel. Se trata de la crucifixión de Cristo; solo que la perspectiva no es desde el suelo mirando hacia arriba – como si se fuera uno de los espectadores – sino desde lo alto mirando hacia abajo. Es una visión tal como Dios Padre podría ver a Dios Hijo.

Esa perspectiva de San Juan de la Cruz – capturada más tarde en el lienzo por Salvador Dalí – podría ser la razón por la cual nunca escuchamos estas palabras en el Evangelio de Juan:

“Elí, Elí, ¿lemá sabactaní? – ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”

Quizás haríamos bien en adoptar la perspectiva de San Juan de la Cruz. ¿Qué abandono es el que ve Dios? ¿Cómo podría ver Dios nuestro propio abandono? ¿Cómo podría ver Dios nuestro abandono de los demás, especialmente de los más vulnerables?

“Elí, Elí, ¿lemá sabactaní? – ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”

Es sabio notar que estas palabras del Salmo 22 NO son las palabras finales.

Más bien, concluyamos prestando atención a las palabras de esperanza que, muy probablemente, Jesús rezó en la cruz al completar el Salmo 22: 27-31 y la gran esperanza de Pascua:

Todos los confines de la tierra recordarán
y se volverán hacia el Señor;
y todas las familias de las naciones
adorarán ante Él.
Pues el dominio pertenece al Señor,
y Él gobierna sobre las naciones.
Sí, ante Él se inclinarán todos los soberbios de la tierra;
ante Él se postrarán todos los que descienden al polvo,
incluso aquel que no puede conservar su propia vida.
La posteridad le servirá;
los hombres hablarán del Señor a la generación venidera,
y proclamarán su liberación a un pueblo aún por nacer:
que Él ha realizado esta obra.

Imagen: “Cruz de San Juan de la Cruz,” por Salvador Dali, 1951

Obispo Homilía – Viernes Santo 2026