Do this in Remembrance of Me / Hagan esto en Memoria Mía 04_02_26

by Msgr. Robert Siler

Do this in Remembrance of Me

English Holy Thursday Homily
Exodus 12:1-8, 11-14; Corinthians 11:23-26; John 13:1-5

Most Reverend Joseph J. Tyson, Bishop of Yakima

Peace be with you!

“Do this … in remembrance of me.” “Remembrance” – that is the key word I want to uplift tonight from Saint Paul to the Corinthians.  And those of you here who are bilingual will note that I am not saying the precise same message in Spanish and English tonight.

Why? Because “remembrance” doesn’t translate into Spanish the way it does in English. Only “memory.”  But the English word “remembrance” captures something key about the Eucharist. We not only “remember” Jesus but we literally “re-member” ourselves as the One Body of Christ.

As our late Holy Father Pope Benedict XVI noted some years ago: When we eat food our bodies assimilate the food. But in the Eucharist, it’s the other way around. We are assimilated into Christ. We become part of his body – the One Body of Christ.

Underscoring this same point, the great fourth century Saint Augustine notes: “Now you are the Body of Christ and individually members of it. If that is so it is the sacrament of yourself that you receive. You hear the words ‘body of Christ’ and you reply ‘amen.’  Be, then, a member of Christ’s body so that your ‘amen’ may accord with the truth. Be what you see and receive what you are.”

Does our ‘amen’ accord with the truth? More to the point, if we receive the Eucharist but then remain silent on the indiscriminate deportation of our fellow parishioners who may be here in irregular status, then have we failed to fully be assimilated into the Body of Christ?

Are we striving to form our consciences well, so that we are properly disposed to receive the Body and Blood of Christ in all his divinity and all his humanity?

“Do this in remembrance of me.” A wider read of the Corinthians passage reveals that the early Corinthian community faced challenges like our own.

Indeed, St. Paul criticized the Corinthians for letting some eat well while others left hungry.  (See Corinthians 11:17-34.) Some scholars suggest that – like today where we often have festive meals and refreshments before or after Mass – that the potluck meals surrounded the Corinthian community’s celebration of the Eucharist.

Only the problem was that not all shared their food equally and that social class and divisions led to some receiving food and other not. Might that be happening today?

We are all aware that almost every single sector of the agricultural industry is in deep trouble here in the Diocese of Yakima. But are those who without documents have built their lives – often for decades – around lower wage agricultural jobs now to be indiscriminately deported and thrown away? Is this not perhaps the “throwaway” culture against which Pope Francis was warning? Might we be complicit in stripping the most vulnerable workers with the lowest wages – not only their financial livelihood – but the value of their family capital that’s built up a stronger Yakima Valley for all of us?  Are we not One Body of Christ? Should we not act like One Body of Christ in our daily economic affairs especially with the most vulnerable among us?

I am grateful for the many ways our Cathedral community as well as the nearly 40 parishes across the Diocese of Yakima find ways to better bear witness to the Eucharist as One Body of Christ. But in an era with heightened fear due to the indiscriminate deportation of our fellow parishioners, we need to present a singular witness that any deportation of anyone without a criminal offense is an offense against us as the One Body of Christ!

“Do this … in remembrance of me.” Those words refer not only to Christ himself but to his entire Body. A Body of 190,000 Catholics across the Diocese of Yakima, a Body whose witness can touch every single person regardless of language, faith, race, culture, identity or legal status.

“Do this in remembrance of me!” May we take to heart the meaning of these words and re-member ourselves as the One Body of Christ.

Peace be with you!

Image: “Last Supper” (unfinished), Caracas Cathedral, by Arturo Michelena. Public domain, via Wikimedia Commons

Bishop Homily – Holy Thursday 2026

Bishop Homily – Holy Thursday (Spanish) 2026_ENG

Hagan esto en Memoria Mía

Homilía de Jueves Santo de 2026
Éxodo 12:1-8, 11-14; 1 Corintios 11:23-26; Juan 13:1-5

Reverendísimo José Tyson, Obispo de Yakima

¡La paz esté con ustedes!

“Hagan esto en memoria mía.” La palabra clave que deseo destacar de nuestra segunda lectura, tomada de la carta de San Pablo a los Corintios, es “memoria.”

Resulta interesante notar que el término griego original que esconde a esta palabra “memoria” es “anamnesis.” Es la misma palabra que utilizamos para designar esa parte de la Misa en la que cantamos la aclamación conmemorativa.

Consideren la aclamación eucarística en paralelo con el acontecimiento del Jueves Santo: “Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, proclamamos tu muerte, Señor Jesús, hasta que vuelvas.”

Observen aquí que esta “memoria” NO se refiere al pasado. Ni un solo verbo de ninguna aclamación conmemorativa se conjuga en tiempo pasado. Se trata del “presente.” Se trata de lo que hacemos ahora, en la Eucaristía. Más aún: se trata de lo que Dios hace en nosotros y a través de nosotros.

La “memoria” – la “anamnesis” – no consiste en evocar un acontecimiento pasado. Consiste, más bien, en que nosotros – aquí y ahora – nos convirtamos más plenamente en lo que somos: miembros de un único Cuerpo de Cristo. ¡Consiste en que entremos, desde este mismo instante, en la única fiesta de la Pascua, que es Cristo mismo! Significa hacer presente ahora mismo en nosotros y nuestras vidas la comunión de la Eucaristía, la comunión del Cuerpo de Cristo que somos todos.

El gran San Agustín, Padre de la Iglesia del siglo IV, señala: “Ahora ustedes son el Cuerpo de Cristo y, cada uno en particular, son miembros de ese Cuerpo. Si esto es así, lo que reciben es el sacramento de ustedes mismos. Escuchan las palabras “Cuerpo de Cristo” y responden “Amén.” Sean, pues, miembros del Cuerpo de Cristo, para que su “Amén” esté en harmonía con la verdad. Sean lo que ven y reciban lo que son.”

¿Acaso nuestro “Amén” concuerda con esta verdad? Yendo más al fondo de la cuestión: si recibimos la Eucaristía, pero luego guardamos silencio ante la deportación indiscriminada de nuestros hermanos parroquianos, ¿acaso no habremos fallado en asimilar plenamente el Cuerpo de Cristo?

¿Nos esforzamos por formar bien nuestras conciencias, de modo que estemos debidamente dispuestos para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en toda su divinidad y toda su humanidad? “Hagan esto en memoria mía.” Una lectura más amplia de la Epístola a los Corintios revela que la comunidad corintia primitiva enfrentaba desafíos similares a los nuestros.

De hecho, en su predicación, San Pablo parece haber reprendido a los corintios por permitir que algunos llegaran a irse de la mesa bien alimentados, mientras que otros se marchaban de la comunidad sin haber comido lo suficiente. (Véase 1 Corintios 11:17-34). Algunos expertos sugieren que – al igual que hoy en día, cuando a menudo compartimos comidas festivas y botanas antes o después de la Misa – las comidas comunitarias (tipo “potluck”) solían enmarcar la celebración de la Eucaristía en la comunidad corintia. El problema, entonces, radicaba en que no todos compartían sus alimentos por igual; las diferencias de clase social y las divisiones internas de la comunidad provocaban que algunos recibieran comida, mientras que otros no. ¿Podría estar sucediendo algo similar en nuestros días?

¿Acaso se les está cerrando ahora las puertas – debido a las deportaciones indiscriminadas – a aquellos que, con su trabajo en los campos, contribuyeron a forjar la prosperidad de la región de Yakima? Ante la dura crisis que atraviesan nuestros agricultores, empacadores y fabricantes de maquinaria, ¿hemos impuesto – quizás sin darnos cuenta – la carga más pesada sobre los hombros de los más vulnerables? ¿Somos cómplices al despojar a los trabajadores de menores ingresos – no solo de su sustento económico mediante deportaciones indiscriminadas – sino también del capital social que ha permitido construir un Valle de Yakima más fuerte y próspero para todos nosotros?

Agradezco sinceramente las múltiples formas en que nuestra comunidad de la Catedral – así como las cerca de 40 parroquias que conforman la Diócesis de Yakima – encuentran maneras de dar un testimonio cada vez más fiel de la Eucaristía como el único Cuerpo de Cristo. Sin embargo, en una época marcada por el miedo – provocado por la deportación indiscriminada de nuestros propios hermanos de parroquia – es imperativo que ofrezcamos un testimonio unánime: ¡toda deportación de cualquier persona que no haya cometido delito alguno constituye una ofensa contra todos nosotros, en cuanto miembros del único Cuerpo de Cristo!

“Hagan esto… en memoria mía.” Estas palabras no se refieren únicamente a Cristo mismo, sino a todo su Cuerpo: un Cuerpo integrado por 190.000 católicos a lo largo y ancho de la Diócesis de Yakima; un Cuerpo cuyo testimonio tiene el poder de llegar a cada persona, sin distinción alguna de idioma, fe, raza, cultura, identidad o estatus legal.

“¡Hagan esto en memoria mía!” Que sepamos abrazar en lo más profundo de nuestro corazón el verdadero significado de estas palabras y logremos unirnos cada vez más estrechamente al único Cuerpo de Cristo.

¡La paz del Señor esté con ustedes!

Imagen: “Ultima Cena” (incompleta), Catedral de Caracas, por Arturo Michelena. Domino pública, de Wikimedia Commons

Obispo Homilía – Jueves Santo 2026