Good Friday: Exodus from the Addiction of Sin _ 03.28.2024

by Msgr. Robert Siler

Good Friday: Exodus from the Addiction of Sin

Homily for Good Friday 2024

Most Reverend Joseph J. Tyson, Bishop of Yakima

A 4158

Peace be with you!

Our Good Friday reading from the Letter to the Hebrews sets a tone for our worship tonight noting in the crucified Christ that, “…we do not have a high priest who is unable to sympathize with us but who has been tested in every way….”

How are you tested? What’s your sin? What’s your addiction? What keeps you enslaved? What makes you less free? Drugs? Sex? Alcohol? Are you locked in a rage where you won’t talk to a friend, a relative, a parent or a child? Are you addicted to outrage fed by the cable news channels? Is your identity more with an elephant or a donkey than with the cross of Christ? Do you follow the politics of the day more than Jesus Christ who is yesterday today and forever? What nails have you driven into the cross?

Given the fact that we wear crosses as decorative jewelry, it’s easy to forget that the Romans perfected crucifixion as the most extreme from of the death penalty meant to inflict maximum pain and maximum torture. To keep the air-passages open, the crucified person would have to prop his body upward. Thus, as the body weakened the person would slowly suffocate to death.

That’s why it’s very telling that in our Gospel tonight when the soldiers come to break the legs of Jesus he’d already died. Breaking the legs of a person on the cross was a kind of mercy killing. The breaking of the legs meant the end of the torture and instant death. Bur St. John the Evangelist carefully notes in this Passion narrative that the soldiers did not need to break the legs of Jesus. He was already dead. He died tortured to death.

Thus, this Friday becomes “Good” because of the dark assurance that no matter our sin and no matter the sin we inflict on others, nothing can escape the salvific power of the crucified Christ.

As Saint Augustine puts it, God in his omnipresence could have taken away all evil, all suffering, all sin. But God does something better. He brings good out of evil. He makes martyrs from the persecuted. He makes saints out of sinners.

He can do the same for us too – if our hearts our open. Are our hearts open?  Can we invite God into the darkest recesses of our hearts? Can we present to him the most hardened places of violence in our world? Are our hearts open to Christ – crucified and risen?

Tonight we can – in the words of the Letter to the Hebrews – “…confidently approach the throne of grace to receive mercy and to find grace for timely help.”

Timely help for our sin. Timely help for our brokenness. Timely help because we know that out of sympathy for us Christ will rise and show us the pathway – not away from our pain – but through our pain – to life with him now and forever.

Peace be with you.

Art: Christ Crucified, Diego Velazquez, c. 1632. Public Domain

Homily – Good Friday 2024 – English

Viernes Santo: Éxodo de la adicción al pecado

Homilía para el Viernes Santo 2024

Reverendísimo Joseph J. Tyson, obispo de Yakima

A 4158

¡La paz del Señor esté con ustedes!

Nuestra lectura del Viernes Santo de la Carta a los hebreos establece un tono para nuestra adoración de esta noche al señalar en el Cristo crucificado que, “…no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nosotros, sino que haya sido probado en todo. …”

¿Cuál es tu prueba? ¿Cuál es tu pecado? ¿Cuál es tu adicción? ¿Qué te mantiene esclavizado? ¿Qué te hace menos libre? ¿Drogas? ¿Sexo? ¿Alcohol? ¿Estás encerrado en una rabia o rencor que te impide hablar con un amigo, un pariente, un padre o un hijo? ¿Eres un adicto a los corajes alimentados por los canales de noticias de la televisión? ¿Es tu identidad más con los símbolos políticos que con la imagen de Cristo crucificado? ¿Sigues la política del día más que al evangelio de Jesucristo? ¿Qué clavos has clavado en la cruz de Cristo?

Dado que usamos cruces como joyería decorativa, es fácil olvidar que los romanos perfeccionaron la crucifixión como la forma más extrema de pena de muerte destinada a infligir el máximo dolor y la máxima tortura. Para mantener abiertas las vías respiratorias, la persona crucificada tendría que levantar su cuerpo hacia arriba. Por lo tanto, a medida que el cuerpo se debilitaba, la persona se asfixiaba lentamente hasta morir.

Por eso es muy revelador que, en nuestro Evangelio de esta noche, cuando los soldados vienen a romperle las piernas a Jesús, él ya había muerto. Romper las piernas de una persona en la cruz era una especie de misericordia. La rotura de las piernas significó el fin de la tortura y la muerte instantánea. Pero San Juan Evangelista observa cuidadosamente en esta narración de la Pasión que los soldados no necesitaban romperle las piernas a Jesús. Ya estaba muerto. Fue torturado hasta la muerte.

Así, este viernes se vuelve “bueno” debido a la oscura seguridad de que no importa nuestro pecado ni el pecado que infligimos a los demás, nada puede escapar al poder salvador de Cristo crucificado.

Como dice San Agustín, Dios en su omnipresencia podría haber quitado todo mal, todo sufrimiento, todo pecado. Pero Dios hace algo mejor. Él saca el bien del mal. Hace mártires de los perseguidos. Él hace santos de pecadores.

Él también puede hacer lo mismo por nosotros, si nuestros corazones están abiertos. ¿Están nuestros corazones abiertos? ¿Podemos invitar a Dios a los rincones más oscuros de nuestro corazón? ¿Podemos presentarle los lugares de violencia más duros de nuestro mundo? ¿Están nuestros corazones abiertos a Cristo, crucificado y resucitado?

Esta noche podemos, en palabras de la Carta a los hebreos, “… acercarnos con confianza al trono de la gracia para recibir misericordia y gracia excelente para recibir ayuda oportuna”.

Ayuda oportuna para nuestro pecado. Ayuda oportuna para nuestro quebrantamiento. Ayuda oportuna porque sabemos que, por misericordia por nosotros, Cristo resucitará y nos mostrará el camino, no lejos de nuestro dolor, sino a través de nuestro dolor, hacia la vida con él ahora y para siempre.

¡La paz del Señor esté con ustedes!

Arte: Cristo Crucificado, Diego Velázquez, c. 1632. Dominio Público

Homily – Good Friday 2024 – Spanish